Cuando el viento es
suave, mece con cariño nuestros cuerpos,
cuando es enérgico,
vibramos con el,
cuando es fuerte, nos
doblegamos a su voluntad,
cuando es violento,
perdemos parte de nosotros y se nos rompe el corazón,
cuando es mortal, nos
arranca de la vida y nos tira como a un desecho.
Pero también es música
al pasar entre nuestras hojas,
lleva nuestro mensaje a
muy largas distancias,
poliniza a nuestros
semejantes y asegura la continuidad de la vida,
y de nosotros, depende
su purificación.
FRM
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